VOCES METÁLICAS INFRAVALORADAS
Cuatro gargantas que merecieron mucho más y una quinta que juega en casa.
En el mundo del heavy metal hay nombres que forman parte de la historia por derecho propio. Cuando hablamos de grandes vocalistas, resulta inevitable rendirse ante figuras como Rob Halford, Ronnie James Dio, Bruce Dickinson, Udo Dirkschneider o Biff Byford, auténticos tótems que han contribuido a definir la personalidad de un género que no se entiende sin sus voces. Son artistas que han trascendido generaciones, que han puesto su sello en discos irrepetibles y que, con el paso de los años, han terminado ocupando ese lugar reservado a los elegidos. Pero, como suele ocurrir en esta bendita locura llamada rock and roll, no todo el talento acaba recibiendo el reconocimiento que merece, y mucho menos alcanza esa primera división en la que unos pocos parecen tener asegurado su asiento para toda la eternidad.
Porque, amigos de PORTAZOS, ¿cuántas veces hemos escuchado un disco y nos hemos preguntado cómo es posible que el tipo que está cantando no sea una auténtica estrella? ¿Cuántos vocalistas hemos descubierto gracias a una recomendación, a una cinta prestada, a un CD comprado casi a ciegas o a esas horas perdidas rebuscando entre discos mientras el resto del mundo parece tener cosas más importantes que hacer? Cantantes con una personalidad arrolladora, registros capaces de poner los pelos de punta, una manera especial de interpretar cada canción y, sobre todo, esa capacidad de hacerte creer que están cantando únicamente para ti. Sin embargo, por una combinación de circunstancias, decisiones discográficas, modas, falta de promoción o simplemente porque el destino musical reparte sus cartas como le viene en gana, muchos de ellos nunca llegaron a ocupar el lugar que, desde nuestra humilde perspectiva de aficionados, tenían más que ganado.
Esta entrada no pretende sentar cátedra ni repartir carnés de buen cantante. Tampoco vamos a establecer una competición absurda para decidir quién llega más arriba o quién alcanza la nota más imposible. Aquí hablamos de sensaciones, de discos que nos acompañan durante años, de voces que reconocemos en cuanto suena el primer verso y de músicos a los que uno reivindica porque considera que el mundo del metal les debe, cuando menos, una buena parte del reconocimiento que nunca terminaron de recibir. Nuestra selección reúne cuatro nombres internacionales —dos estadounidenses y dos europeos— y añade un quinto protagonista en forma de bonus track patrio, porque en España también tenemos motivos de sobra para sacar pecho. Así que subid el volumen, desempolvad esos discos que nunca deberían abandonar la estantería y acompañadnos en este recorrido por algunas de esas voces metálicas infravaloradas que merecen ser escuchadas mucho más allá del círculo de sus fieles seguidores.
1. JOHNNY GIOELI: EL HURACÁN MELÓDICO DE BROOKLYN
Hardline · Axel Rudi Pell · Crush 40
Una voz poderosa, cálida y reconocible, capaz de moverse entre la melodía más elegante y la descarga más contundente sin perder personalidad.
Si hay un cantante que merece aparecer en esta lista sin necesidad de pedir permiso a nadie, ese es Johnny Gioeli. Nacido en Brooklyn, este estadounidense lleva décadas demostrando que se puede cantar hard rock con una mezcla de fuerza, sentimiento y elegancia que no está al alcance de cualquiera. Su gran escaparate fue Hardline, formación con la que irrumpió a comienzos de los noventa y que dejó para la historia aquel magnífico Double Eclipse (1992), un disco que cualquier aficionado al hard rock melódico debería tener muy presente. Canciones como «Hot Cherie» o «Takin' Me Down» nos descubrieron a un vocalista con una garganta privilegiada, capaz de atacar los estribillos con una energía descomunal y, al mismo tiempo, transmitir esa sensibilidad que convierte una buena canción en algo que uno termina haciendo suyo.
Pero la historia de Gioeli no se quedó en aquel prometedor comienzo. Su incorporación al proyecto del guitarrista alemán Axel Rudi Pell en 1998 le permitió consolidar una trayectoria que se ha prolongado durante décadas, convirtiéndose en una de las piezas fundamentales del sonido de la banda. Y ahí está precisamente una de sus grandes virtudes: Johnny sabe ponerse al servicio de las canciones sin perder ni un gramo de personalidad. Puede interpretar una balada con una sensibilidad enorme y, un minuto después, ponerse al frente de un tema de hard rock con la autoridad de quien lleva toda la vida pisando escenarios. A ello hay que añadir su trabajo con Crush 40, proyecto conocido por sus canciones vinculadas a los videojuegos de Sonic, que demuestra hasta qué punto su voz puede adaptarse a distintos universos musicales.
¿Y por qué no ocupa un lugar todavía más destacado entre las grandes voces del rock duro? Ahí entramos en el terreno de las reflexiones personales, pero creo que Johnny representa perfectamente a esos cantantes que han construido una carrera sólida, respetada y longeva sin alcanzar el reconocimiento masivo de otros compañeros de profesión. No le faltan registros, no le falta carácter y tampoco le falta experiencia. Lo que tiene es una trayectoria repartida entre proyectos diferentes, algunos de ellos muy queridos por sus seguidores, pero quizá sin ese disco o ese momento de repercusión mundial capaz de convertir a un gran cantante en una figura universal. Para quienes disfrutamos del hard rock melódico, sin embargo, Gioeli es mucho más que un buen vocalista: es una garantía de calidad, uno de esos nombres que justifican por sí solos la escucha de un álbum.
2. ROB ROCK: UNA GARGANTA NACIDA PARA EL METAL METÁL MELÓDICO
Rob Rock es otro de esos nombres que, cuando uno repasa la historia del heavy metal, no entiende muy bien por qué no aparecen con mayor frecuencia en las conversaciones sobre los grandes vocalistas del género. Su trayectoria está estrechamente ligada a Impellitteri, la banda del virtuoso guitarrista Chris Impellitteri, donde su voz encontró un terreno perfecto para desplegar todo su potencial. Estamos hablando de un cantante con una capacidad extraordinaria para afrontar canciones rápidas, cargadas de guitarras afiladas y estribillos que exigen potencia y precisión, pero que también sabe aportar melodía y emoción cuando la composición lo necesita. Su paso por los primeros trabajos de Impellitteri y su regreso posterior dejaron claro que no era un simple acompañante de lujo para las exhibiciones de guitarra: era una parte esencial de la identidad del grupo. Discos como Screaming Symphony (1996) o Eye of the Hurricane (1997) son buenos lugares para comprobarlo.
Además de su trabajo con Impellitteri, Rob ha desarrollado una carrera en solitario que permite apreciar todavía mejor sus cualidades, especialmente en álbumes como Rage of Creation (2000) y Holy Hell (2005). También merece atención su participación en Driver junto al guitarrista y productor Roy Z, una asociación que dio continuidad a una propuesta de heavy metal clásico, directo y sin complejos. Si algo me gusta de Rob Rock es que no necesita convertirse en un personaje ni recurrir a artificios para convencer: le basta con abrir la boca y dejar que su voz haga el trabajo. Tiene ese punto de agresividad controlada que pide el heavy metal, una facilidad para elevar los estribillos y una intensidad que hace que las canciones suenen más grandes de lo que ya son.
Quizá su caso sea uno de los más claros de esta selección. Rob ha trabajado con músicos de primer nivel, ha participado en discos muy apreciados por los seguidores del género y ha mantenido una carrera prolongada, pero su nombre no suele aparecer junto a los de Halford, Dickinson o Dio cuando se elaboran esas listas que parecen escritas en piedra. Por supuesto, comparar trayectorias tan distintas siempre resulta complicado, pero eso no impide reconocer que estamos ante una voz que ha defendido el heavy metal con una solvencia admirable. A veces da la impresión de que el reconocimiento depende tanto del tamaño de la banda o del impacto comercial de un álbum como de la calidad del cantante. Y Rob Rock es una demostración perfecta de que se puede ser un vocalista extraordinario sin convertirse en una estrella para el gran público. Los que disfrutamos de este sonido sabemos muy bien lo que tenemos delante.
3. THOMAS RETTKE: EL TESORO ALEMÁN DE HEAVENS GATE
Cruzamos el Atlántico y aterrizamos en Alemania para encontrarnos con Thomas Rettke, cantante de Heavens Gate y uno de esos vocalistas que los aficionados al heavy metal europeo deberían reivindicar con mayor frecuencia. La banda desarrolló una trayectoria especialmente interesante a finales de los ochenta y durante los noventa, en una época en la que el metal alemán estaba demostrando que había vida más allá de los grandes nombres ya consagrados. Rettke fue una figura fundamental en aquella aventura, aportando una voz capaz de desenvolverse con soltura entre la velocidad, los pasajes melódicos y esos estribillos de sabor épico que tan bien funcionan cuando las guitarras empiezan a echar humo. Su trabajo en Livin' in Hysteria (1991) constituye una referencia imprescindible para acercarse a sus cualidades, mientras que Hell for Sale! (1992) permitió seguir disfrutando de una banda que tenía mucho que ofrecer.
Lo que distingue a Rettke no es únicamente su capacidad para alcanzar registros elevados, sino la manera en que los pone al servicio de las canciones. Hay cantantes que parecen empeñados en demostrar continuamente lo que son capaces de hacer, como si cada tema fuese una competición, y otros que entienden que la voz debe formar parte de un conjunto donde todo tiene que funcionar. Thomas pertenece a esa segunda categoría: tiene fuerza, sabe elevar la intensidad cuando la canción lo pide y puede sostener esas melodías que se quedan dando vueltas en la cabeza mucho después de terminar el disco. Su carrera también incluye colaboraciones y trabajos vocales con otros proyectos, entre ellos su participación en coros para bandas del ámbito del metal melódico y sinfónico.
Sin embargo, Heavens Gate nunca llegó a convertirse en uno de esos nombres capaces de competir en popularidad con las grandes instituciones del heavy metal europeo. Y ahí es donde aparece la reivindicación que nos trae hasta aquí: ¿cuántos aficionados conocen de verdad a Thomas Rettke más allá de quienes han seguido de cerca a la banda? Es posible que su nombre no aparezca en las conversaciones habituales sobre los grandes vocalistas del continente, pero basta con escuchar sus mejores trabajos para comprender que estamos ante un cantante con personalidad y recursos de sobra. Para mí, su presencia en esta lista es casi una obligación moral de aficionado. Porque el heavy metal no se construyó únicamente con las bandas que llenaron estadios, sino también con grupos que publicaron discos magníficos, defendieron su música con orgullo y dejaron un legado que merece seguir vivo. Y Livin' in Hysteria es uno de esos discos que justifican por sí solos que nos detengamos a reivindicar a su cantante.
4. KIMBERLY GOSS: UNA MUJER AL FRENTE DE UNA MAQUINARIA METÁLICA
En una selección como esta no podía faltar una mujer, y Kimberly Goss es una elección que me parece especialmente interesante porque su aportación va mucho más allá de cantar en una banda de heavy metal. Nacida en Estados Unidos y vinculada durante buena parte de su trayectoria a la escena escandinava, Kimberly pasó por diferentes formaciones y colaboraciones antes de convertirse en la voz y una de las principales impulsoras de Sinergy, grupo que reunió a músicos de enorme talento y que encontró una identidad propia dentro del metal melódico. Su trabajo en Beware the Heavens (1999), To Hell and Back (2000) y, especialmente, Suicide by My Side (2002) permite descubrir a una cantante que no necesitaba recurrir a la grandilocuencia para hacerse notar. Su voz tenía un carácter muy reconocible, con una interpretación firme y directa que encajaba perfectamente con unas composiciones donde las guitarras y la velocidad tenían un peso considerable.
Kimberly, además, no era simplemente la persona que se colocaba delante del micrófono mientras los músicos hacían el resto. También tocaba los teclados, participaba en la composición y escribía letras, por lo que su papel en Sinergy fue decisivo a la hora de construir la personalidad de la banda. En un género donde durante mucho tiempo las mujeres tuvieron que luchar contra prejuicios y etiquetas, su propuesta tenía una virtud muy importante: no intentaba encajar en un molde ajeno, sino que defendía una identidad propia dentro de una formación de metal contundente. Su recorrido anterior por bandas y proyectos relacionados con la escena extrema escandinava también demuestra que su experiencia musical era bastante más amplia de lo que podría sugerir una escucha superficial de Sinergy.
¿Por qué considero que Kimberly merece un lugar en esta lista? Porque su voz y su personalidad contribuyeron a que Sinergy fuese algo más que una reunión de buenos instrumentistas. Había una líder al frente, alguien con criterio musical, presencia y una manera muy particular de interpretar las canciones. Y, sin embargo, cuando se habla de las grandes voces femeninas del metal, es habitual que la conversación se concentre en unos pocos nombres que han contado con mayor proyección internacional. No se trata de negar los méritos de esas artistas, sino de recordar que hay muchas maneras de ser una gran vocalista y que no todas pasan por los mismos registros ni por la misma puesta en escena. Kimberly representa esa clase de cantante que quizá no encaje en todas las listas convencionales, pero que deja una huella inconfundible en quienes se acercan a su música. Y en PORTAZOS, donde nos gusta mirar un poco más allá de los nombres habituales, eso tiene un valor enorme.
5. BONUS TRACK: CANO, EL ORGULLO DEL HEAVY METAL ESPAÑOL
Y llegamos a nuestro bonus track, que de bonus tiene el nombre, porque para muchos aficionados al heavy metal nacional José Cano es uno de esos cantantes que deberían recibir bastante más atención de la que acostumbran a concederle los medios generalistas. Nuestro Cano, la voz de Centinela, lleva años demostrando que en España tenemos vocalistas capaces de medirse con cualquiera cuando se trata de transmitir fuerza, rabia y emoción a través de una canción. Desde los primeros pasos de la banda albaceteña, su garganta ha sido uno de los elementos más reconocibles de su sonido, acompañando una evolución que ha llevado al grupo por distintos territorios del heavy metal sin perder esa personalidad que lo caracteriza. Trabajos como Sangre eterna (2002), La nueva ira (2004), Pánico (2006) o Regresiones (2013) forman parte de una trayectoria que merece ser revisada por cualquier aficionado que todavía no haya profundizado en la discografía del grupo.
Lo que me gusta de Cano es que su voz no parece diseñada para impresionar a un jurado ni para demostrar que puede alcanzar una determinada nota. Tiene ese punto de fuerza y desgarro que necesita el heavy metal cantado desde las entrañas, pero también sabe moverse en terrenos melódicos sin perder su identidad. Puede sonar desafiante, oscuro, rabioso o emotivo, dependiendo de lo que le pida la canción, y esa capacidad para transmitir hace que su interpretación tenga un peso especial. En una escena donde demasiadas veces se ha confundido el reconocimiento con la repercusión comercial, Cano representa a esos músicos que han construido su reputación a base de trabajo, discos y escenarios, defendiendo una propuesta propia sin necesidad de convertirse en una figura mediática. Su posterior aventura bajo el nombre de Cano, con el álbum La zozobra (2019), permitió además conocer una faceta más personal de su universo musical.
Y aquí voy a permitirme una reflexión muy de aficionado: si un cantante con estas características hubiese nacido en otro país y hubiese contado con una maquinaria discográfica más potente detrás, quizá estaríamos hablando de él en otros términos. No podemos saber qué habría ocurrido, claro está, pero sí podemos afirmar que la escena española ha tenido y sigue teniendo voces extraordinarias que no siempre han recibido la difusión que merecen. Cano es una de ellas. No necesita que lo comparemos continuamente con otros cantantes ni que busquemos parecidos para justificar su presencia en esta selección. Tiene su propio carácter, su manera de entender las canciones y una trayectoria que habla por sí sola. Por eso quería reservarle este espacio: porque en PORTAZOS no podemos hablar de voces metálicas infravaloradas mirando únicamente hacia fuera, olvidándonos de los músicos que tenemos aquí, a pocos kilómetros de casa, y que llevan décadas demostrando que el heavy metal español tiene motivos de sobra para sentirse orgulloso.
CONCLUSIÓN: NO TODAS LAS GRANDES VOCES TIENEN SU NOMBRE EN LA HISTORIA
Si algo demuestra este pequeño recorrido es que el heavy metal está lleno de cantantes que merecerían ocupar un lugar más destacado en la memoria colectiva de los aficionados. Johnny Gioeli, Rob Rock, Thomas Rettke, Kimberly Goss y nuestro Cano representan cinco maneras diferentes de entender la voz dentro de una música que siempre ha necesitado algo más que guitarras potentes y baterías atronadoras. En ellos encontramos melodía, fuerza, personalidad, capacidad interpretativa y, sobre todo, esa virtud que no aparece en ningún manual: la de conseguir que una canción te llegue de verdad.
No pretendo afirmar que estos cinco nombres deban desplazar a los grandes tótems del género ni que exista una clasificación definitiva de las mejores voces del metal. Sería absurdo, porque cada aficionado tiene sus preferencias, sus recuerdos y sus discos imprescindibles. Lo que sí defiendo es que el reconocimiento no siempre guarda proporción con el talento, y que la popularidad de un artista depende de muchos factores que van más allá de lo que sucede cuando se enciende un micrófono. A veces basta con que una banda no alcance el éxito esperado, con que un disco aparezca en el momento equivocado o con que la industria decida apostar por otros nombres para que una voz magnífica termine quedándose en un segundo plano.
Por eso, desde estas líneas, quiero reivindicar a quienes nos han regalado grandes interpretaciones sin recibir siempre el aplauso que merecían. A los que siguen haciendo que volvamos una y otra vez a sus discos, a los que nos descubrieron canciones que ya forman parte de nuestra vida y a los que nos recuerdan que el heavy metal no es solamente una historia de grandes estadios, cifras de ventas y portadas legendarias. También es una historia de músicos que se dejaron la piel, de bandas que resistieron contra viento y marea y de voces que, aunque no aparezcan en todos los libros de historia, siguen resonando con fuerza en las habitaciones, los coches y los auriculares de quienes nunca hemos dejado de amar esta música.
Y ahora os toca a vosotros, amig@s de PORTAZOS: ¿qué cantante de heavy metal o hard rock consideráis injustamente infravalorado? ¿A quién añadiríais a esta lista? Porque estoy convencido de que, mientras escribo estas líneas, alguno de vosotros está pensando en un nombre que también merece su momento de gloria. Y de eso se trata precisamente: de seguir descubriendo, compartiendo y reivindicando esas voces que hacen grande nuestra música, aunque el mundo no siempre les haya concedido el lugar que merecen.
¡Larga vida al heavy metal y a sus voces inmortales!





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